Lincomicina

 Lincomicina

Lincomicina


Aviso médico
Nombre (IUPAC) sistemático
(4R)-N-[(1R,2R)-2-hidroxi-1-[(2R,3R,4S,5R,6R)-3,4,5-trihidroxi-6-metilsulfaniloxan-

2-il]propil]-1-metil-4-propylpyrrolidin-2-carboxamida

Identificadores
Número CAS 154-21-2
Código ATC J01
PubChem 9063
DrugBank APRD00566
ChEBI 3745
Datos químicos
Fórmula C18H34N2O6S 
Peso mol.  ?
Farmacocinética
Biodisponibilidad  ?
Metabolismo  ?
Vida media  ?
Excreción  ?
Consideraciones terapéuticas
Cat. embarazo ?
Estado legal  
Vías adm.  ?

La lincomicina es un antibiótico natural del grupo de las lincosamidas extraído del hongo actinomyces Streptomyces lincolnensis, el primero en extraerse de las lincosamidas. La lincomicina ha sido modificada estructuralmente para formar la más frecuentemente usada clindamicina.

Aunque similar en estructura, espectro antibacteriano y mecanismo de acción de los macrólidos, la lincomicina es también efectiva en contra de organismos como las actinomycetes, mycoplasmas, y algunas especies de Plasmodium. Sin embargo, debido a su frecuente toxicidad, son usados muy infrecuentemente hoy día, reservados solo para pacientes alérgicos a la penicilina o para infecciones de organismos multiresistentes.

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Mecanismo de acción

La lincomicina interfiere con la síntesis de las proteínas, en una manera similar a la claritromicina y eritromicina, uniéndose a la subunidad 50S del ribosoma bacteriano.

Resistencia

Se ha observado resistencia tanto natural como adquirida en algunas cepas de estafilococos, estreptococos y Bacteroides fragillis. Existe una clara evidencia de resistencia cruzada completa entre la lincomicina y la clindamicina.[1]

 

 

 

 

 

Composición:

LINCOMICINA, solución inyectable.  Cada ampolla contiene lincomicina clorhidrato 680.44 mg, equivalente a lincomicina base 600 mg.

Mecanismo de acción:

LINCOMICINA se une a la subunidad 50S ribosomal de las bacterias grampositivas inhibiendo la síntesis de proteínas dependiente de RNA.

Espectro de acción antibacteriana:

LINCOMICINA tiene actividad contra una amplia gama de gérmenes como Streptococcus pyogenes, Streptococcus pneumoniae, Streptococcus viridans, Corynebacterium diphtheriae, Clostridium tetani, Clostridium perfringes.  La mayoría de cepas de Staphylococcus aureus son también sensibles a LINCOMICINA así como Actinomyces y Bacteroides fragilis;  existe alguna actividad frente a Haemophilus influenzae y Mycoplasma.  Es inactiva contra la mayoría de bacilos gramnegativos, enterococos y Neisseria meningitidis.

Farmacología:

La ligadura a las proteínas plasmáticas es de un 72%.  La vida media es de 4.4 horas, se prolonga a 8.9 horas en pacientes con insuficiencia hepática y a 12.6 horas en pacientes con insuficiencia renal severa.  En pacientes con enfermedad hepática la concentración sérica máxima es menor en comparación con personas normales, mientras que en insuficiencia renal la concentración sérica máxima se eleva 3 – 4 veces.  La distribución hacia los tejidos es amplia, con buena penetración al compartimiento intracelular y extracelular, buena penetración a  líquido peritoneal, pleural, sinovial, tejido celular subcutáneo y hueso.  En este último tejido, lincomicina penetra eficientemente a la médula ósea alcanzando concentraciones similares a las séricas.  En hueso esponjoso y compacto la concentración es menor, promediando un 60% y un 10%, respectivamente, de las concentraciones plasmáticas.  Lincomicina no penetra al líquido cefalorraquídeo (LCR) en personas sanas.  La penetración de lincomicina al líquido pleural alcanza un 50% de la concentración sérica después de la administración intramuscular.  Los niveles en esputo alcanzan un 10% de los séricos en pacientes con fibrosis quística después de la administración parenteral.  Las concentraciones en líquido peritoneal son variables.  Después de una dosis de lincomicina IM a madres durante la labor de parto, se han encontrado niveles fetales (sangre de cordón umbilical) equivalentes a un 25% de los maternos, en líquido amniótico el nivel alcanza 25 – 50% de la concentración sérica máxima de la madre.  Lincomicina se concentra en la bilis obteniendo valores 4 – 6 veces más altos que los niveles séricos inmediatamente después de una dosis IV.  Lincomicina es activamente incorporada a los macrófagos y a los granulocitos.  Lincomicina es parcialmente metabolizada en el hígado y excretada en la bilis.  Hay evidencia de que se produce una reabsorción duodenal de la droga.  Después de la administración parenteral, se puede detectar en heces hasta por 7 días, lo cual puede afectar marcadamente a la flora intestinal susceptible.  Lincomicina es excretada principalmente como droga no metabolizada.  Las concentraciones séricas altas aceleran el proceso de eliminación a través de los riñones.  Después de la administración IM 10 – 50% de la lincomicina se recupera en orina después de 24 horas;  Después de una administración IV, este porcentaje puede ascender hasta 73%.  5 – 15% de la droga se excreta por las heces.

Indicaciones:

Lincomicina está indicada en infecciones por gérmenes grampositivos del tracto respiratorio, tracto genito – urinario, piel y tejidos blandos, huesos y articulaciones, y en casos de sepsis.  Su principal indicación son pacientes alérgicos a las penicilinas o cefalosporinas, o en infecciones producidas por gérmenes resistentes a pencilinas y cefalosporinas como en infecciones respiratorias como amigdalitis, sinusitis, neumonía y bronquitis;  osteomielitis estafilocócica aguda o crónica;  infecciones por anaerobios, p.e. después de cirugía abdominal;  infecciones de piel y tejidos blandos, p.e. impétigo, erisipela, abscesos, mastitis, etc;  infecciones crónicas del oído medio y mastoiditis;  infecciones por estreptococo beta – hemolítico del grupo A;  infecciones por estafilococos resistentes a la penicilina;  infecciones por cepas sensibles de Corynebacterium diphtheriae.

Contraindicaciones:

Hipersensibilidad a la lincomicina o a la clindamicina.

Advertencias y precauciones:

La administración inapropiada de lincomicina, sin previa dilución y/o mediante una infusión muy rápida, puede provocar síncope, hipotensión arterial o paro cardíaco.  La administración IV de lincomicina puede producir apnea postoperatoria o aumentar el efecto bloqueante neuromuscular del pancuronium y otras drogas similares usadas en el transanestésico.  Lincomicina puede producir colitis pseudomembranosa, la cual puede variar desde una diarrea leve hasta un colon tóxico.  En pacientes con historia de colitis o diarrea debe usarse con precaución.  Se recomienda la monitorización cercana de las pruebas de función renal y hepática en cualquier circunstancia clínica que implique mayor riesgo de eventos adversos.

Niños: lincomicina no debe ser administrada a recién nacidos porque su formulación con alcohol bencílico se ha asociado con apnea en prematuros. 

Embarazo: no se conoce si la administración de lincomicina es segura en el embarazo.

Lactancia: lincomicina alcanza en la leche materna concentraciones similares a las plasmáticas.  No se recomienda su utilización.

Ancianos: debido a la posible disminución de la función hepática o renal en este grupo de edad, usar con precaución.

Insuficiencia hepática: no se recomienda la utilización de lincomicina.

Insuficiencia renal: ajustar la dosis.

Interacciones medicamentosas: eritromicina antagoniza el efecto antibacteriano de lincomicina.  Lincomicina y clindamicina son antagónicas frente a E. coli.  Los agentes antidiarreicos no deben utilizarse en pacientes con diarrea producida por lincomicina debido a que el enlentecimiento de la motilidad gastrointestinal aumenta el tiempo de exposición de la mucosa a la droga y a agentes bacterianos potencialmente tóxicos o sus toxinas (p.e. Clostridium difficile).  Los compuestos de caolín – pectina previenen la absorción de lincomicina.

Eventos adversos:

La administración inapropiada de lincomicina, sin previa dilución y/o mediante una infusión muy rápida, puede provocar síncope, hipotensión arterial o paro cardíaco.  Ocasionalmente han ocurrido fenómenos anafilácticos.  La colitis pseudomembranosa es más común después de la administración oral de lincomicina pero también puede verse después de utilizar la vía IM o IV.  Ocurre en 1 – 10% de los casos.  La administración IV de lincomicina puede producir apnea postoperatoria o aumentar el efecto bloqueante neuromuscular del pancuronium;  este fenómeno puede revertirse con neostigmine.  Ocasionalmente lincomicina se ha asociado con eritema multiforme severo, enfermedad del suero, granulocitopenia, trombocitopenia, leucopenia o anemia sideroblástica;  después de suspender el tratamiento suele observarse una rápida recuperación.  Puede ocurrir superinfecciones por hongos o por gérmenes multiresistentes.  No se ha establecido evidencia de daño renal o hepático aunque raramente se ha constatado azotemia, oliguria y/o proteinuria.  Algunos pacientes han reportado rash cutáneo, urticaria, fiebre, nausea, vómito, estomatitis, tinitus, vértigo, disfunción hepática transitoria, esofagitis, irritación perianal, rectal o vaginal.

La inyección intramuscular puede asociarse en muy pocos casos con dolor, irritación local y formación de absceso.  La inyección IV puede producir flebitis.

Posología: 

Lincomicina puede utilizarse por vía IV.  En adultos la dosis es de 600 mg – 1g cada 8 – 12 horas.  Lincomicina debe ser diluida en por lo menos 100 ml (concentración máxima recomendada 1g/100 ml) de dextrosa en agua al 5%, dextrosa al 5% en solución salina al 0.9%, lactato de Ringer o solución salina al 0.9%.  Esta dilución debe administrarse en 1 hora (velocidad de infusión máxima 1g/hora).  La dosis diaria máxima en adultos es de 8 g.  En niños mayores de 1 mes la dosis es de 10 – 20 mg/kg/día en dosis divididas cada 8 horas, con las mismas precauciones de dilución y administración lenta.

La dosis IM es de 600 mg cada 12 horas en adultos y, en niños mayores de 1 mes de edad, 10 – 20 mg/kg/día en dosis divididas cada 12 horas.

En pacientes con insuficiencia renal la dosis se ajusta a 25 – 30% de la dosis recomendada o 200 mg IM cada 8 horas para un adulto de 70 kg.

Presentaciones:

LINCOMICINA, solución inyectable.  Cada ampolla contiene lincomicina clorhidrato 680.44 mg, equivalente a lincomicina base 600 mg. 
Caja por 1 y caja por 6.

 Antifúngico

Se entiende por antifúngico o antimicótico a toda sustancia que tiene la capacidad de evitar el crecimiento de algunos tipos de hongos o incluso de provocar su muerte. Dado que los hongos además de tener usos beneficiosos para el ser humano (levadura del pan, hongos de fermentación de los quesos, los vinos, la cerveza, entre otros muchos ejemplos) forman parte del colectivo de seres vivos que pueden originar enfermedades en el ser humano, el conocimiento y uso de los antifúngicos es de vital importancia a la hora de tratar muchas enfermedades.

Candida albicans al microscopio electrónico.

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Recuerdo histórico

Aun cuando los intentos científicos de encontrar sustancias que fueran efectivas contra los hongos son más antiguos, es a partir de la década de 1940 cuando se aplican en el estudio de los benzinidazoles, trabajo que dará su fruto a partir de la década de 1960.[1] Otras líneas de investigación, a partir de sustancias elaboradas por otros seres vivos, llevan al descubrimiento en 1955 de la anfotericina B, y a su uso en humanos a partir de finales de la década de 1950. Esta sustancia, al demostrar su utilidad, se convierte en el patrón de referencia de todos los nuevos antifúngicos descubiertos desde entonces, sobre todo porque podía utilizarse por vía parenteral.[2]

A partir de este momento son numerosos los descubrimientos de nuevas sustancias que tienen propiedades antifúngicas. La mayoría sólo ocuparán un lugar en el tratamiento tópico (clotrimazol, miconazol o econazol, por citar sólo los primeros de una larga lista), pero algunos de ellos alcanzarán mayor transcendencia por la posibilidad de usarlos por vía parenteral, lo que les da una vital importancia en el tratamiento de enfermedades mortales hasta ese momento. Así, en la década de 1970 aparece la flucitosina; en la de 1980, el ketoconazol; en la de 1990, el fluconazol y el itraconazol, así como mejoras en las formulaciones de antifúngicos más antiguos. En los primeros años del siglo XXI han aparecido o se encuentran en avanzado estudio al menos ocho fármacos nuevos, y se están investigando nuevos grupos que pueden traer consigo la síntesis de mejores antifúngicos.

Clasificación [editar] 

Apoyándonos en el Sistema de Clasificación Anatómica, Terapéutica, Química auspiciado por la OMS, podemos clasificarlos de la siguiente manera:[3]

Grupo D01A: Antifúngicos para uso dermatológico tópico
D01AA Antibióticos[4] D01AA01 Nistatina.

D01AA02 Natamicina.

D01AA03 Hachymicina (o Tricomicina).

D01AA04 Pecilocín.

D01AA06 Mepartricín.

D01AA07 Pyrrolnitrín.

D01AA08 Griseofulvina.

D01AC Derivados imidazólicos y

triazólicos[5]

D01AC01 Clotrimazol.

Estructúra química del Imidazol

D01AC02 Miconazol.

D01AC03 Econazol.

D01AC04 Clormidazol.

D01AC05 Isoconazol.

D01AC06 Tiabendazol.

D01AC07 Tioconazol.

D01AC08 Ketoconazol.

D01AC09 Sulconazol.

Estructura química del triazol

D01AC10 Bifonazol.

D01AC11 Oxiconazol.

D01AC12 Fenticonazol.

D01AC13 Omoconazol.

D01AC14 Sertaconazol.

D01AC15 Fluconazol.

D01AC16 Flutrimazol.

D01AE Otros.[6] D01AE01 Bromoclorosalicilanilida.

D01AE02 Metilrosanilina.

D01AE03 Tribromometacresol.

D01AE04 Ácido undecilénico.

D01AE05 Polinoxylina.

D01AE06 2-(4-clorfenoxi)-etanol.

D01AE07 Clorfenesina.

D01AE08 Ticlatone.

D01AE09 Sulbentina.

D01AE10 Etil hidroxibenzoato.

D01AE11 Haloprogina.

D01AE12 Ácido salicílico.

D01AE13 Sulfuro de selenio.

D01AE14 Ciclopirox.

D01AE15 Terbinafina.

D01AE16 Amorolfina.

D01AE17 Dimazol.

D01AE18 Tolnaftato.

D01AE19 Tolciclato.

D01AE21 Flucytosina.

D01AE22 Naftifina.

D01AE23 Butenafina.

J02A Antimicóticos para uso sistémico
J02AA Antibióticos[7] J02AA01 Anfotericina B.

J02AA02 Tricomicina (o Hachymicina).

J02AB Derivados imidazólicos[8] J02AB01 Miconazol.

J02AB02 Ketoconazol.

J02AC Derivados triazólicos[9] J02AC01 Fluconazol.

J02AC02 Itraconazol.

J02AC03 Voriconazol.

J02AC04 Posaconazol.

J02AX Otros.[10] J02AX01 Flucitosina.

J02AX02 Caspofungina.

J02AX03 Micafungina.

J02AX04 Anidulafungina.

Obsérvese que algunos antifúngicos aparecen en dos listados. Esto es así porque pueden utilizarse tanto por vía tópica como sistémica. De igual manera pueden encontrarse algunos de estos fármacos etiquetados de forma diferente. Esto se debe a que el producto puede tener otras propiedades y se ha incluido también dentro del grupo correspondiente. Así, por ejemplo, el Ketoconazol lo podemos encontrar como D01AC08 (antifúngico tópico derivado del imidazol), como J02AB02 (antifúngico sistémico derivado del imidazol) y como G01AF11 (antiséptico urinario derivado del imidazol).

Quedan también fuera de esta clasificación los productos de fitoterapia, así como otros que puedan ser utilizados de forma exclusiva en veterinaria.

Recomendaciones de uso

El principal problema de los antifúngicos, al igual que del resto de los antibióticos, es la posibilidad de aparición de resistencias a los mismos por parte de los seres vivos objeto de su uso. En los hongos se reconocen tres formas diferentes de resistencia a los antifúngicos, y al menos una de ellas depende del contacto que hayan tenido previamente los hongos con las sustancias implicadas. Así, el uso de productos inadecuados, a la dosis inadecuada, o durante un período de tiempo demasiado corto, puede facilitar el cambio en las características del hongo y pasar de ser sensible a un antifúngico a resistente al mismo. Y no solamente eso. La similar estructura de muchos de los antifúngicos empleados hace que presenten resistencia cruzada.

Los quirófanos son una posible fuente de infección hospitalaria

Es decir, que siendo un hongo resistente a un miembro del grupo (por ejemplo el itraconazol, derivado triazólico) puede también presentar resistencia a los otros fármacos del mismo grupo (por ejemplo el fluconazol, otro derivado triazólico).[11]

Los médicos hospitalarios han de enfrentarse a infecciones más complicadas y resistentes al tratamiento, por lo que tienen especial cuidado en utilizar los antifúngicos, y en general todos los antibióticos, de la forma más útil posible. Por ello en la mayoría de los hospitales se elaboran protocolos y guías de uso de antifúngicos con la doble finalidad de curar la enfermedad lo antes posible y evitar la aparición de nuevas resistencias. De igual manera, y como norma general, la mayoría de los organismos estatales responsables del control de los medicamentos de uso humano tienen elaboradas guías de prescripción en antibioticoterapia.[12]

El uso racional de los antifúngicos, y de los antibióticos en general, es una responsabilidad de todos de cara al futuro.

Los antifúngicos del siglo XXI

El voriconazol, posaconazol, caspofungina, micafungina y anidulafungina son fármacos que han visto la luz en este siglo. Los dos primeros como perfeccionamiento de los derivados del núcleo triazólico ya existentes (itraconazol) y los tres últimos como derivados de las equinocandinas, que posiblemente tengan grupo propio en un futuro.[13]

Moléculas en estudio y que aún no han sido aprobadas hay bastantes, en distintos estadios de investigación. Entre ellas podemos destacar:

  • Albaconazol: Fármaco derivado del triazol, de investigación española, de espectro fúngico similar al voriconazol. Al parecer presenta la ventaja de una alta difusión al líquido cefalorraquídeo (15%), lo cual le daría un papel importante en el tratamiento de las meningitis y meningoencefalitis fúngicas.
  • Icofungipen: Derivado sintético de la cispentacina, actuaría en el nucleo del hongo, dificultando la síntesis de ácidos nucleicos. Esto tiene la ventaja de no presentar resistencia cruzada con otros antifúngicos y de mejorar el perfil de interacciones y reacciones adversas al no actuar a nivel del citocromo p450. Además, admite la vía oral. Su desventaja es que presenta un espectro de acción muy reducido, por lo que también se están estudiando otras moléculas similares con el objetivo de ampliar el espectro.
  • Mycograb: Es un anticuerpo recombinante humano contra la HSP90 fúngica (heat shock protein 90). Se está probando asociado a otros antifúngicos para mejorar la actividad de éstos. Sería el precursor de un nuevo grupo de moléculas que se intenta abrir en la investigación de nuevos antifúngicos.
  • Otras sustancias: En estadios de investigación todavía muy básicos, podemos encontrarnos grupos químicos tales como las sordarinas, pradimicinas, dicationes aromáticos o los ya comentados anticuerpos monoclonales.
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2 respuestas a Lincomicina

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